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Enerolisa Núñez fue una reconocida portadora de tradición, cantautora de salve y referente fundamental de la cultura popular dominicana. Nació y desarrolló gran parte de su vida en la comunidad de Mata Los Indios, Villa Mella, territorio ampliamente reconocido por la riqueza de sus manifestaciones culturales de ascendencia africana y por la preservación de importantes expresiones del patrimonio inmaterial dominicano. Desde temprana edad se vinculó a las prácticas musicales y religiosas de su comunidad, heredando conocimientos transmitidos por generaciones que posteriormente asumiría como parte de su misión de vida.

Su labor la convirtió en una de las principales representantes de la salve afrodominicana, una tradición músico-religiosa vinculada a la devoción popular, las celebraciones comunitarias y la memoria cultural de numerosas comunidades del país. Más allá de su destacada calidad interpretativa, Enerolisa fue reconocida como portadora de tradición por su papel en la preservación, transmisión y difusión de los saberes asociados a esta manifestación cultural. A través de su participación en velaciones, fiestas patronales, celebraciones religiosas y presentaciones artísticas, contribuyó a garantizar la continuidad de una práctica cultural que forma parte de las raíces históricas y espirituales de la República Dominicana.

Conocida nacional e internacionalmente como una de las voces más representativas de la salve, dedicó décadas a compartir los cantos, repertorios y conocimientos heredados de su comunidad, formando nuevas generaciones y fortaleciendo el reconocimiento de las expresiones afrodominicanas como elementos esenciales de la identidad nacional. Su trayectoria trascendió los escenarios artísticos para convertirse en un ejercicio permanente de salvaguarda patrimonial y valorización de la cultura tradicional.

La Fundación Cultural Cofradía reconoce el compromiso de Enerolisa con la preservación y promoción del patrimonio cultural dominicano. Su legado encarna los principios que orientan el trabajo de la institución: la defensa de las tradiciones vivas, el reconocimiento de los portadores de conocimiento y la transmisión de los saberes que fortalecen la memoria, la identidad y la diversidad cultural de la nación dominicana. Su vida y obra constituyen un testimonio ejemplar del valor de las comunidades como guardianas de su propio patrimonio cultural.


Enerolisa Núñez

Cofradía Del Espiritu Santo de Cotuí

La Cofradía del Espíritu Santo de Cotuí constituye una de las expresiones culturales y religiosas de mayor permanencia histórica en la República Dominicana y una de las organizaciones tradicionales más antiguas que continúan activas en América. Originada en el municipio de Cotuí, provincia Sánchez Ramírez, sus antecedentes documentados se remontan al siglo XVI, manteniéndose vigente mediante un proceso continuo de transmisión intergeneracional dentro de la comunidad.

Reconocida como portadora de tradición, la Cofradía preserva un conjunto de prácticas, conocimientos y expresiones vinculadas al culto del Espíritu Santo y al catolicismo popular dominicano. Esta tradición integra procesiones, cantos, salves, toques de atabales, símbolos rituales, formas organizativas comunitarias y saberes transmitidos oralmente que reflejan el encuentro histórico entre las herencias europeas y afrodescendientes presentes en la construcción cultural dominicana.

A lo largo de los siglos, la Cofradía ha sostenido un modelo de salvaguarda cultural basado en la participación activa de generaciones sucesivas. Su permanencia y capacidad de adaptación han convertido a esta manifestación en un referente nacional de preservación cultural. La relación entre la Cofradía del Espíritu Santo de Cotuí y la Fundación Cultural Cofradía es cercana y se fundamenta en el reconocimiento compartido del valor de las tradiciones vivas. En pasadas celebraciones la Fundación Cultural Cofradía ha colaborado en la producción y documentación de la procesión con un interés especial por el crecimiento y proyección de los miembros de la comunidad cotuisana, Un ejemplo vigente siendo el reciente videoclip “Ya llegó” con las voces de Roldán Marmol y Santiago—-- (Chago) filmado y documentado en la procesión del año 2025.




©Fundación Cultural Cofradía
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©Museo del Hombre Dominicano
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La Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella constituye una de las manifestaciones culturales tradicionales más representativas de la República Dominicana y uno de los principales referentes del patrimonio cultural inmaterial de origen afrodescendiente en el Caribe. Localizada en la comunidad de Villa Mella, en Santo Domingo Norte, esta cofradía mantiene una tradición con raíces históricas que se remontan al siglo XVI, vinculada a procesos de transmisión cultural desarrollados por comunidades de ascendencia africana y mestiza.

Reconocida como portadora de tradición, la Cofradía preserva y transmite un conjunto de conocimientos, prácticas rituales y expresiones comunitarias asociadas al culto del Espíritu Santo. Su tradición integra música, danza, cantos, celebraciones populares y ceremonias funerarias acompañadas por instrumentos conocidos como congos, tambores de ejecución manual que constituyen un elemento central de su identidad cultural. Estas prácticas se sostienen mediante mecanismos de transmisión oral y participación comunitaria que han permitido su continuidad a lo largo de generaciones.

La relevancia cultural y patrimonial de esta manifestación fue reconocida internacionalmente por la UNESCO en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad y, posteriormente, incorporada en 2008 a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad bajo la denominación “Espacio cultural de la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella”. Este reconocimiento destaca el valor excepcional de la cofradía como expresión viva de memoria colectiva, diversidad cultural y continuidad histórica.

La Fundación Cultural Cofradía reconoce en la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella un ejemplo emblemático de salvaguarda del patrimonio vivo y de preservación de los saberes tradicionales. Su permanencia representa el valor de las comunidades como guardianas activas de su herencia cultural y evidencia la importancia de fortalecer los procesos de transmisión que sostienen la identidad cultural dominicana.


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Cofradia del Espritu Santo de los Congos de Villa Mella

Grupo Raíces Folclóricas

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Fundado en el año 2002 en la comunidad de Los Asises, Sainaguá, San Cristóbal, Raíces Folclóricas es una agrupación dedicada a preservar, fortalecer y transmitir una de las expresiones más representativas del patrimonio cultural dominicano: la tradición de los atabales. Nacido de manera espontánea durante una actividad comunitaria, el grupo ha convertido la música de raíz en una herramienta para mantener viva la memoria, la identidad y el sentido de pertenencia de su comunidad.

A través de sus presentaciones, Raíces Folclóricas interpreta ritmos y cantos que forman parte de la religiosidad popular dominicana, especialmente las salves y los toques de atabales, manifestaciones culturales profundamente ligadas a las celebraciones comunitarias, las cofradías y las tradiciones afrodominicanas. Cada interpretación representa un diálogo entre la música, la espiritualidad y la historia de los pueblos del campo dominicano.

La agrupación se ha consolidado como uno de los principales portadores de tradición de la provincia San Cristóbal, participando en el histórico Festival de Atabales de Sainaguá y en diversos escenarios culturales del país. Su compromiso con la autenticidad y la transmisión de estos saberes ha sido reconocido por gestores culturales e instituciones dedicadas a la protección del patrimonio inmaterial dominicano.

Más que un grupo musical, Raíces Folclóricas es una comunidad de guardianes de la tradición. Su trabajo fortalece el relevo generacional al involucrar a niñas, niños y jóvenes en el aprendizaje de los ritmos, los cantos y las prácticas culturales heredadas de sus mayores, contribuyendo a que estas expresiones continúen vivas y vigentes para las futuras generaciones.

La Fundación Cultural Cofradía reconoce en Raíces Folclóricas un ejemplo del papel fundamental que desempeñan los portadores de tradiciones en la preservación del patrimonio cultural inmaterial de la República Dominicana, manteniendo vivas las raíces que fortalecen nuestra identidad y enriquecen la diversidad cultural del país.


©Fundación Cultural Cofradía
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Chuineros de Baní

La Fundación Cultural Cofradía reconoce a los Chuineros de Baní como portadores de una de las manifestaciones más representativas del patrimonio oral dominicano. A través del “chuín”, estos cultores preservan una tradición de poesía improvisada transmitida de generación en generación que constituye una expresión viva de la creatividad, la memoria colectiva y la identidad cultural de la provincia Peravia. El chuín es un patrimonio inmaterial que conserva formas de comunicación, saberes populares y valores comunitarios que continúan enriqueciendo la diversidad cultural de la República Dominicana.

El chuín es una manifestación de poesía oral improvisada que se desarrolla mediante un intercambio espontáneo entre dos o más chuineros. Durante cada encuentro, los participantes construyen versos rimados en el momento, respondiéndose mutuamente con rapidez, ingenio y dominio del lenguaje. Cada intervención da continuidad a la anterior, creando un diálogo poético donde convergen el humor, la crítica social, las vivencias cotidianas, el amor, las costumbres y los acontecimientos de la comunidad. La esencia del chuín radica precisamente en la improvisación: no existen composiciones preparadas, sino una constante capacidad de escuchar, interpretar y responder con creatividad, manteniendo el ritmo y la coherencia del intercambio.

Como ha documentado el antropólogo e investigador Dagoberto Tejeda Ortiz, el chuín forma parte de las expresiones más genuinas de la oralidad campesina dominicana. Sus orígenes se encuentran en las comunidades rurales de Baní, donde tradicionalmente acompañaba los convites y jornadas de trabajo agrícola. En estos espacios, la improvisación poética fortalecía la convivencia entre vecinos, hacía más llevaderas las labores del campo y propiciaba un ambiente de solidaridad, entretenimiento y transmisión de conocimientos entre generaciones. Con el paso del tiempo, esta práctica trascendió el ámbito agrícola para integrarse a fiestas patronales, celebraciones populares, encuentros familiares y festivales culturales, manteniendo siempre su esencia participativa.

El escritor e investigador Jonathan D'Oleo destaca que el valor del chuín trasciende el ejercicio de improvisar versos. En esta tradición, la palabra se convierte en una herramienta para construir identidad, preservar la memoria colectiva y expresar la manera en que una comunidad comprende su historia, su territorio y sus relaciones sociales. Cada presentación constituye un ejercicio de creación compartida donde la experiencia, el conocimiento del lenguaje popular y la capacidad de observación permiten que cada diálogo sea único e irrepetible.

Ser chuinero implica mucho más que poseer facilidad para rimar. Requiere años de aprendizaje, práctica constante y un profundo conocimiento de las expresiones populares, los códigos de respeto entre improvisadores y las dinámicas propias de esta tradición oral. La agilidad mental, el sentido del humor, la riqueza del vocabulario y la habilidad para desarrollar respuestas inmediatas convierten cada presentación en una muestra del patrimonio vivo que permanece gracias a quienes continúan cultivándolo y transmitiéndolo.

la Fundación Cultural Cofradía valora a los Chuineros de Baní como portadores de tradición cuyo legado contribuye a la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial dominicano y reafirma la importancia de proteger aquellas expresiones donde la oralidad continúa siendo un puente entre el pasado, el presente y las futuras generaciones.



Los Guloya

San Pedro de Macorís

Las tradiciones que perduran a través del tiempo son el reflejo de comunidades que han encontrado en la cultura una forma de preservar su historia, fortalecer su identidad y transmitir sus saberes a las nuevas generaciones. Entre ellas, los Guloyas, también conocidos como Teatro Cocolo Danzante, representan una de las expresiones más significativas del patrimonio cultural inmaterial de la República Dominicana. Originarios de la provincia de San Pedro de Macorís, surgieron en el seno de las comunidades cocolas, conformadas por inmigrantes afrocaribeños provenientes de las Antillas de habla inglesa que llegaron al país entre finales del siglo XIX y principios del XX. A través de la integración de la música, la danza, el teatro, el vestuario y la tradición oral, esta manifestación ha preservado un valioso legado cultural que continúa transmitiéndose de generación en generación.

Más que una representación festiva, los Guloyas expresan la memoria histórica, la identidad y la creatividad de una comunidad que ha enriquecido el patrimonio cultural dominicano mediante el intercambio de saberes y la permanencia de sus tradiciones. Sus presentaciones, caracterizadas por complejas coreografías, personajes simbólicos, música en vivo y una cuidada elaboración de vestuarios, constituyen una manifestación escénica de profundo valor artístico y social, cuyo aprendizaje se sustenta en la transmisión de conocimientos entre maestros portadores y nuevas generaciones.

La trascendencia de esta expresión ha sido ampliamente reconocida tanto a nivel nacional como internacional. En 2005, la UNESCO proclamó al Teatro Cocolo Danzante de los Guloyas como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, reconocimiento que posteriormente fue incorporado a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Asimismo, mediante la Ley núm. 526-14, el Estado dominicano declaró esta manifestación Patrimonio Folklórico de la Nación Dominicana, reafirmando su importancia para la identidad cultural del país y la necesidad de promover acciones permanentes para su salvaguarda.

La Fundación Cultural Cofradía reconoce a los Guloyas como portadores de una tradición viva cuya permanencia ha sido posible gracias al compromiso y la dedicación de generaciones de hombres y mujeres que han asumido la responsabilidad de preservar, practicar y transmitir este legado. Su labor constituye un ejemplo del papel esencial que desempeñan las comunidades portadoras en la protección del patrimonio cultural inmaterial y en el fortalecimiento de la diversidad cultural de la República Dominicana.





©Fundación Cultural Cofradía
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Gaga los 30

San Pedro de Macorís

El gagá constituye una de las manifestaciones más representativas del patrimonio cultural vivo de la región Este de la República Dominicana y una de las expresiones donde confluyen con mayor fuerza la memoria histórica, la espiritualidad y la vida comunitaria. Más que una celebración asociada a la Semana Santa, se trata de una tradición que integra música, danza, ritualidad, organización colectiva y transmisión de saberes, elementos que durante generaciones han fortalecido los vínculos entre quienes la practican y las comunidades que le dan continuidad.

Su permanencia a lo largo del tiempo evidencia la capacidad de las comunidades para preservar y resignificar un legado cultural transmitido principalmente por vía oral y mediante la experiencia compartida. Cada recorrido, cada toque de los instrumentos, cada canto y cada danza forman parte de un complejo sistema cultural donde convergen conocimientos ancestrales, expresiones artísticas, prácticas de solidaridad y profundas formas de pertenencia. En este sentido, el gagá trasciende el ámbito festivo y religioso para convertirse en un espacio de construcción de identidad, cohesión social y reafirmación del patrimonio cultural dominicano.

Dentro de esta tradición se encuentra el Gagá de la 30 de Marzo, una agrupación de San Pedro de Macorís que desde la Semana Santa de 1985 ha mantenido viva esta manifestación gracias al compromiso de varias generaciones de portadores y al respaldo constante de su comunidad. De acuerdo con el testimonio de Miguel Ángel, actual responsable del grupo, el Gagá de la 30 de Marzo surge como continuidad del legado de antiguos gagases del sector de Loma del Cochero, especialmente del recordado Gagá de Horacio, del cual heredaron conocimientos, formas de organización y prácticas que hoy continúan transmitiéndose entre sus integrantes.

La conformación del grupo estuvo marcada por el liderazgo de don Andrés, una figura ampliamente respetada por la comunidad por su sabiduría y conocimiento de la tradición. Junto a otros portadores, impulsó la creación del Gagá de la 30 de Marzo con el propósito de asegurar la continuidad de una manifestación profundamente arraigada en la identidad cultural de San Pedro de Macorís. Desde entonces, la agrupación ha participado de manera ininterrumpida en las celebraciones de Semana Santa, convirtiéndose en un referente local por su permanencia y compromiso con la preservación del patrimonio cultural.

La organización anual del gagá implica una compleja labor logística y un importante esfuerzo económico. La preparación contempla la contratación de músicos, transporte, alimentación, confección de vestuarios, adquisición de instrumentos y apoyo a participantes que, por sus condiciones económicas, requieren asistencia para integrarse plenamente a la celebración. Al mismo tiempo, la realización del gagá dinamiza la economía del sector al favorecer la actividad de pequeños comercios, puestos de comida y otros emprendimientos comunitarios que encuentran en la festividad una oportunidad para generar ingresos.

Más allá de su dimensión festiva, el testimonio de Miguel Ángel pone de manifiesto el profundo significado espiritual que el gagá posee para quienes lo practican. Desde su experiencia como portador, describe esta tradición como una vivencia mágico-religiosa que transforma a quienes participan de ella y que solo puede comprenderse plenamente desde la experiencia directa. La música, la danza, los recorridos y la convivencia colectiva conforman un espacio donde la espiritualidad, la memoria y el sentido de pertenencia se entrelazan, fortaleciendo la identidad de la comunidad y reafirmando el valor del gagá como patrimonio cultural vivo.




©Fundación Cultural Cofradía
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